Guía de supervivencia para compartir departamento
Cuando vivía en casa de mis padres, solía idealizar el día en que compartiría piso con personas de mi edad. En mi tierna imaginación adolescente, todo sería fiesta y diversión: mis compañeros de piso y yo seríamos grandes amigos pues iríamos al cine y al supermercado juntos, reiríamos todo el tiempo, nos ayudaríamos con nuestros problemas y veríamos películas de terror comiendo pizza cada jueves por la noche.
Lo que nunca nunca consideré fue quién recogería la caja de pizza vacía, en que coche iríamos al cine y cuál sería la forma más educada de decirle a Fulanita que aunque yo también lamente que su novio Rigoberto Sebastián la haya cambiado por una porrista, necesito que salga de la habitación para poder dormir. Por supuesto, tampoco imaginé que averiguar quién ensució los platos y no los lavó, es mucho más difícil de resolver que cualquier misterio de la CIA.
Tener compañeros de piso es una experiencia enriquecedora: aprendes tolerancia, primeros auxilios, técnicas de negociación para la paz, finanzas personales, ahorro de energía, psicología clínica, habilidades detectivescas y estrategias de camuflaje (créeme: no querrás que se enteren de todo lo que haces, incluso si no tienes nada que esconder). Así que si estás a punto de embarcarque en esta aventura o ya te subiste al barco y te resulta difícil no lanzarte al mar, aquí te propongo una guía para ser un buen compañero de piso y no morir en el intento:
Ser equitativos. Si Gretel y Eustaquio tienen jacuzzi dentro de su habitación y cuentan con vista al Monte Olimpo, mientras que tú vives en un cuarto de 2×2 que compartes con Humpty Dumpty, puede ser que tú pagues menos renta, pero lo ideal es que el monto se divida en partes iguales. Siéntense a hablar del asunto con calculadora y cámara de video en mano (¡para que queden pruebas del acuerdo!).- El contrato. Asegúrate de que todos lean y firmen el contrato del departamento, donde deben especificarse renta, duración del contrato y cláusulas especiales, así como un inventario de muebles.
- 4 reglas de oro. Si lo tiras, levántalo. Si lo ensucias, lávalo. Si lo usas, cuídalo. Si lo rompes, págalo.
- Respetar la privacidad. Si Rosita no está, no quiere decir que puedes entrar en su habitación. Además, piénsalo: ¿realmente quieres avergiuar lo que guarda en sus cajones? No te lo recomiendo por ningún motivo. Tip: cuando salgas, deja tu cuarto cerrado con llave. Otro tip: ¡no pierdas la llave! No es que no confíes, sólo no confías de más.
- Lavar los platos. Y si lo haces los próximos 30 minutos a partir de que terminaste de comer, mejor.

- Lo de otros, no es tuyo. Parece obvio, pero si encuentras un billete de 500 en la entrada de tu habitación con una nota que dice “tómame”, no quiere decir que sea para ti. Recógelo y cuando veas a tus compañeros, pregunta de quién es, pero eso sí: asegúrate de que sea verdad.
- Ser ordenado. Tu cuarto puede ser un campo de batalla, pero siempre es bueno respetar los lugares comunes. Ok, no es “bueno”, es imprescindible.
- El baño. Es la zona de conflicto por excelencia. Toma duchas cortas, siempre seca el piso cuando termines y levanta los cabellos que se te hayan caído.
- No abusar de la confianza. Si Manolito tiene dos kilos de azúcar y tomas un poquito para tu té de tila, seamos honestos: no pasa nada. Pero si utilizas medio kilo para hacer un pastel, sí pasa. Más aún cuando niegas la fechoría mientras te limpias el chocolate de la boca.
- Repartir las tareas. Sacar la basura, barrer, trapear… Lo mejor es organizarlo por turnos y escribirlo en algún lugar visible para todos (por ejemplo, en un calendario). De este modo no habrá dudas ni pretextos y el hogar permanecerá limpio y habitable. Nota: de ninguna manera se les ocurra acordar que limpiarán entre todos cuando tengan tiempo, o que cada quien limpiará en su día de descanso. Simplemente no funciona.
Buena comunicación. Dentro de un grupo, es vital que la comunicación fluya. Para lograrlo puedes contar con un pizarrón de recados y plumones de colores (también puedes pintar una pared de negro y usar tiza o gis) y colocarlo en un lugar visible: la sala, el comedor, la puerta de salida… Así, si a Mimí le hablan por teléfono, podrás anotar el recado y listo. Si quieres convocar a junta, también podrás anotarlo.- Datos básicos. Ten siempre contigo los teléfonos celulares, nombres completos y alguna referencia (teléfono de los padres, por ejemplo) de todos tus compañeros de piso. Puede llegar a ser muy útil en una emergencia… o si se te pierden las llaves y no puedes entrar a casa, por ejemplo.
- Mascotas. Asegúrate de que tus compañeros no sean alérgicos a Napoleón, tu pez dorado. Si rescatas a un Rottweiler callejero con genes mutantes, sería bueno preguntar si alguien tiene algún inconveniente.
Relaciones públicas. Procura no hablar mal de tus compañeros de piso con otros compañeros de piso, para eso está tu mamá. Las paredes escuchan, ¡recuérdalo! Si tienes algo que decir, dilo de frente y de forma amable.- La buena educación. Nunca subestimes el poder de decir “por favor”, “gracias” y pedir prestado (pero que esto último no se vuelva una costumbre… es mejor que tengas tus propias cosas, así se trate de media servilleta).
- Cordialidad. Tal vez las personas que viven contigo no sean tus favoritas en el mundo, pero decir “buenos días” y “buenas noches”, nunca está de más. Un amigable “hola” también funciona.
- Discreción. Si Joselita llega a casa con Luis Miguel de Jesús, el cual no es su novio, procura no chismear al respecto con los demás habitantes de la casa. Recuerda: cada quien su vida.
- Cero prejuicios. Todos recibimos una educación distinta. Puede ser que tus compañeros no compartan tus valores, pero esto no tiene por qué ser un problema si existe respeto y tolerancia entre ustedes.
- Participación. Poner un dulcero en el centro de la mesa con una notita que diga: “¡Toma los que quieras! Atte. Jaimito” no es algo que estás obligado a hacer, pero siempre se agradece el detalle. El papel de baño extra también se agradece. Tip: si vas a la tienda de la esquina, pregunta si a alguien se le ofrece algo.
- Tolerancia. Si tu roomie es violinista, por favor comprende que debe ensayar las sonatas de Mozart diariamente. Para que sean felices, lleguen a un acuerdo sobre los horarios de ensayo y recuerda que él o ella también te escuchan cantar en la regadera.
- No exagerar. Si tu compañera de piso invita a dormir a una amiga y le permite tomar una ducha, no significa que debas cobrarle una cantidad extra por el gas. Si esto se repite todos los días, es momento de tener una junta y preguntar si tienen una nueva inquilina.
- Caras conocidas. Si llegas con un acompañante ajeno a la casa, es importante que siempre estés presente. No se vale que “persona misteriosa” se quede a dormir y tú te vayas al otro día a trabajar sin llevártela contigo. Para tus compañeros no será agradable encontrarse con un desconocido a mitad del pasillo.
- Intereses similares. Aunque esto no es una regla, la experiencia me ha enseñado que vivir con personas que
se dedican a lo mismo que tú o tienen tu misma edad, es buena idea. Por ejemplo, si tú ya trabajas pero vives con estudiantes, es posible que sus reuniones de los martes para escuchar metal gótico hasta las 5 am no te hagan tanta gracia, especialmente si tu despertador sonará a las seis. - ¡Fiesta, fiesta! Todos tenemos derecho a divertirnos. Si planeas hacer una fiesta, pregúntale a tus compañeros si están de acuerdo. Si la fiesta es improvisada, mándales un mensajito de celular antes de llegar a casa con tus quince amigos. Un simple “se armó la reunión, espero no les moleste. Yo limpio todo mañana”, será suficiente.
- Decir adiós. Si por la razón que sea debes partir y dejar a tu(s) compañero(s) a su suerte, avísales con mínimo un mes de anticipación. De este modo, ellos podrán organizarse y encontrar a tu reemplazo.
Nadie dijo que vivir con otros era cosa fácil. Sin embargo, aunque rentar solo tiene muchas ventajas, compartir la casa o el depa no se queda atrás. Mira siempre el lado positivo:
- Si ocurre una emergencia, es probable que alguien te ayude a resolverla.
- Si pierdes las llaves, alguien podrá abrirte.
- No tendrás que sacar la basura todas las semanas.
- Si entra un ladrón, ya son dos contra uno. Si entran varios ladrones, juntos podrán gritar más fuerte.
- Si tus compañeros de piso son extranjeros y te llevas bien con ellos, ya tienes a dónde llegar cuando viajes a Madagascar.
- Si desapareces del mundo, es probable que tus compañeros lo noten.
- Si se te acaba la sal, es posible que alguien te comparta si la pides antes.
- Alguien podrá llamar a la ambulancia si tu resaca se transforma en apendicitis.
- Escuchar ronquidos desde lo profundo de la habitación de tu compañero puede aliviar la soledad de un domingo por la tarde (pero si esto alivia tu soledad cada fin de semana, mejor sal a dar una vuelta con tu Rottweiler).
- A veces sucede que los compañeros de piso se vuelven amigos.
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Tania. Equipo Respuestas
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