¿Por qué nos disfrazamos?
Todos hemos querido ser otro. Habrá quien lo niegue señalando el orgullo personal de ser uno mismo. Y, claro, no digo que no nos guste ser quienes somos, pero basta con observar a un niño emocionado con un nuevo disfraz para recordar el placer de ponerse una máscara y, por un rato, ser otra persona u otro ser. Yo, por ejemplo, de niña tuve un disfraz de bruja, de árbol (¡sin comentarios!) y hasta de la power ranger rosa (tú, ¿de qué te disfrazabas cuando eras niño?). Ya de mayor fui hiedra venenosa -creo que me gustan las plantas-, gato y diablo. Sin duda, todos nos hemos disfrazado y conocemos la sensación de poder y seguridad que otorga desprenderse de la propia piel.
¿Por qué nos gusta disfrazarnos? Por supuesto, los propósitos técnicos de los disfraces son distraer o llamar la atención de quien nos mira, evitar que nos reconozcan, conmemorar alguna fecha histórica o religiosa, promocionar un producto o ideología (¿recuerdas la “gringo mask”? Haz clic aquí), representar un personaje real o imaginario o bien con fines artísticos, lúdicos o estéticos. Pero seguro que hay algo más. Si no, los súper héroes nos rescatarían sin disfraz (aunque en el caso de un súper héroe, ¿quién es el disfrazado: el héroe o la persona?), los luchadores no usarían máscara y yo no habría bailado tan bien en una obra de teatro musical que montaron en mi secundaria (porque yo no tengo ritmo pero disfrazada me convertí en otra persona).
Alguien no sabe de qué disfrazarse
Curioso e irracional el deseo humano de querer ser “otro”. Pensemos en lo popular y divertido que es un hombre disfrazado de mujer o a una mujer disfrazada de hombre. Muchas personas lo han hecho y, al mirarse al espejo, no han podido dejar de sentir esa renovación del yo, esa sensación de poder al interpretar el rol ajeno, el sentimiento de liberación que produce dejar el propio disfraz, nuestro propio estereotipo, nuestro “yo” preestablecido. Esto, a veces, con consecuencias extremas: en una novela de Juan Marsé, El amante bilingüe (para leer opiniones sobre este libro, haz clic acá), un hombre se disfraza de otro para reconquistar a su mujer en una singular paranoia con la que llega a confundir realidad y fantasía.
Esta persona cree que no la reconocemos
Los disfraces se miran a veces con recelo (¡la misma Biblia prohíbe los disfraces transgénero!) pero lo cierto es que uno de los mayores placeres humanos es cruzar la línea de lo prohibido y aunque en las sociedades modernas, constitucionalmente hablando, no se prohíben los disfraces (¡yo no me he enterado de ningún país que prohíba disfrazarse de Superman!), ponernos el antifaz o la peluca sí transgrede la ley no escrita que nos dicta ser quienes somos con las limitaciones y responsabilidades que ello implica.
Y tú, ¿cuál es el disfraz más original que has tenido? y/o ¿cuál ha sido tu experiencia más curiosa o memorable con un disfraz?
Tania. Equipo Yahoo! Respuestas
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