Mitos y realidades de la adopción

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Yo soy miembro de una familia adoptiva: mi hermana no pudo tener hijos biológicos y mis sobrinos son adoptados. A pesar de lo que muestran las telenovelas, éste no es un tema central en nuestras vidas y tampoco es un asunto “delicado”. Los niños conocen la verdad desde pequeños, nunca tendrán ese momento dramático en el que un amigo de la familia les dice “eres adoptado” (¡chan chan chaaaaaan!) y saben que su historia no es nada de qué estar avergonzados. Sin embargo, nunca falta el comentario ignorante. En una ocasión, mi hermana fue a un programa de radio a hablar del tema y la locutora comentó  “es muy bonito, porque son como tus hijos”… ¿”COMO” sus hijos? ¡SON sus hijos!

A pesar de que la sociedad se muestra cada vez más abierta a la adopción, aún está rodeada de mitos y prejuicios que incluso las personas mejor intencionadas predican. Por ejemplo:

  • Las parejas que adoptan son “caritativas”, pues acogen a un niño huérfano.
  • El niño adoptado “salva” a sus padres de quedarse solos.
  • Todos los niños adoptados son conflictivos, pues padecen la discriminación de la sociedad.
  • El vínculo de los padres con un hijo adoptivo nunca será igual que con un hijo biológico.

Con el propósito responder a éstos mitos, voy exponer algunos hechos sobre la adopción en general. Procuraré ser lo más objetiva posible, sin embargo no puedo evitar tomar como referencia la experiencia de mi familia cuando escribo sobre la adopción.

¿Por qué adoptar?

Las leyes e instituciones sobre adopción (en todos los países) hacen énfasis en lo siguiente: que los solicitantes quieran adoptar por los motivos adecuados. No basta con tener buenas intenciones: muchas parejas esconden, sin siquiera sospecharlo, motivaciones patológicas o simplemente egoístas. Éste fue el caso de Martín, un empresario que manifestó su deseo de adoptar un “niño listo, sano y fuerte, para que más adelante pueda hacerse cargo de mis zapaterías”. Martín y su esposa formaban un buen matrimonio, pero su solicitud de adopción fue rechazada varias veces. No estaban conscientes de que el hijo adoptado puede colmar un deseo, pero jamás debe ser un instrumento para satisfacer a sus padres, ni servir a un destino previamente trazado para él. Es una persona libre, individual y autónoma… y como tal, tiene derecho a desarrollar su propia personalidad. No es el sustituto de un hijo fallecido o no nacido, no es un salvavidas para la soledad de sus papás, no es un parche “salva matrimonios” y no es una mascota o distracción para una pareja aburrida.

¿Todos los niños adoptados son problemáticos?

A la hora de pensar en adoptar un niño, la familia (y la sociedad) se podrían preguntar:

  • ¿Tendrá problemas de conducta por ser adoptado?
  • ¿Habrá heredado alguna tara de su familia biológica, como alcoholismo o propensión al crimen?
  • ¿Será agresivo, turbulento o perturbado?

Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: los niños no son aguacates que de pronto “salen” malos. Su desarrollo, al igual que el de los hijos consanguíneos, depende en gran medida de la educación que hayan recibido. Dicho de otra manera: La actitud de los padres hacia su hijo es la fuente del desarrollo afectivo y social de este hijo. Unos padres sobre protectores formarán hijos consentidos; unos padres nerviosos tendrán hijos inseguros, etcétera. Supongo que tanto en el caso de los niños biológicos como en el de los adoptivos, la mayoría de las crisis pueden resolverse adecuadamente si los padres están bien preparados para enfrentarlas.

¿Cómo funciona el vínculo de los padres con un hijo adoptivo?

En mi opinión, el enamoramiento de los padres con su hijo suele ser gradual, incluso cuando éste es consanguíneo. Creo que todas las relaciones familiares se fortalecen con el paso del tiempo y a partir de la convivencia;  podrá sonar cursi, pero quien te quiere, te cuida y te educa es tu verdadera familia.

Aquí aprovecho para explicar que los expertos recomiendan que a un hijo adoptado siempre se le diga la verdad sobre su origen: esto no afecta su vínculo afectivo con la familia sino todo lo contrario. Adoptar no es un acto negativo ni vergonzoso que deba ser ocultado. De hecho, ocultarlo es un síntoma de que los padres no han aceptado plenamente la adopción. Prefieren esconder la verdad porque en el fondo se avergüenzan de haber sido colocados en la posición de adoptar un hijo. Las consecuencias de esta inseguridad suelen ser gravísimas: la falta de aceptación de los padres se transmite al niño, quien no se acepta a sí mismo y puede desarrollar conductas negativas como baja autoestima, dificultad para relacionarse con los demás y desafíos a la autoridad.

Testimonio y Conclusión

Este es un testimonio escrito por mi hermana sobre su decisión de adoptar:

“Tienes una endometriosis muy avanzada: es difícil que algún día puedas concebir un bebé”. Eso fue lo que me dijo mi ginecólogo en 1996. Un año más tarde me casé, y dadas las circunstancias, mi esposo y yo intentamos embarazarnos enseguida. No tuvimos éxito, pero tampoco nos dimos por vencidos. Durante cinco años probamos casi todos los métodos existentes de reproducción asistida, y -sólo por no dejar- recurrimos a terapias alternativas como la homeopatía, la iridología y la reflexología.

Al fin, una mañana me levanté dispuesta a enfrentar la realidad. Sólo así pude ver con lucidez algo que ahora me parece obvio, pero que en ese entonces (harta de inyectarme hormonas y furiosa de albergar falsas esperanzas) se me reveló como una verdadera iluminación: “tú quieres ser madre, no estar embarazada.” Cuando platiqué con mi marido al respecto, logramos plantear en voz alta la pregunta que había estado rondando en la mente de los dos: ¿por qué no adoptamos? Poco después nos embarcamos juntos en una maravillosa aventura que culminó con la adopción de nuestra primera hija.”

Sucede que cuando mi hermana pasó por todo el duelo de la infertilidad, el resto de la familia lo sufrimos también, (por supuesto que en una menor medida y de forma diferente). También entonces disfrutamos de la felicidad que fue recibir un nuevo miembro de la familia. Cuando hablo de adopción, hablo de la experiencia increíble que ha sido vivir con mis dos sobrinos adoptivos que, por si quedaba alguna duda, adoro igual que a mis sobrinos biológicos.

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Para ver más dudas familiares, no olviden visitar la categoría de Familia, Amor y Relaciones en Respuestas.

Equipo Respuestas – Cristina

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